jueves, 17 de mayo de 2012

Tu cuerpo está sano de Bianca Atwell

Hola a todos.Me permito acercaros,a los seguidores de este blog que cada vez sois más, unas reflexiones y argumentos de Bianca Atwell. Bianca Atwell es una artista multimedial que divulga una perspectiva personal de la ciencia y no la ciencia oficial. Autora del libro "Entra en la Mente del Planeta Tierra. Sus conferencias interactivas son una forma totalmente nueva y original de divulgar la ciencia a través del arte y el humor. Entrevista a los científicos del nuevo paradigma y escribe artículos en varios medios de comunicación.Transcrito desde su blog.) Y una vez presentada aquí os dejo con lo que me resuena como una verdad universal. TU CUERPO ESTÁ SANO: Mi abuelo fue lustrador de zapatos, bombero y ladrón de sandías. Murió a los 90 años con una sonrisa en la cara y amando la vida. Si observamos cómo funciona la percepción humana y cuáles son las funciones de todo organismo para auto-regularse con el medioambiente, nos sorprendemos de entender que nuestro cuerpo ESTA SANO. Porque aún cuando comienza a fallar algún órgano, lo hace con la intención de sobrevivir, de adaptarse lo mejor posible a las agresiones que recibe del medioambiente, sacrificándose o modificando sus funciones de modo que el sistema completo pueda salir adelante. A veces pienso que ya es demasiada la información que recibimos para que estemos convencidos de que estamos enfermos, de modo que vayamos a por la compra y consumo de más y más medicamentos. Nuestro cuerpo nace con una inteligencia que es de naturaleza universal: lo vivo quiere seguir vivo. Y para ello, responde con distintos comportamientos que son siempre adaptativos. Esa es su salud, esa es su sabiduría. La homeóstasis, la auto-regulación.Muchos de los síntomas que vinculamos con una “enfermedad”, en realidad son producto de un trabajo adaptativo y de supervivencia del cuerpo para que la totalidad de él (el sistema completo) siga su curso lo mejor posible. Pero cuando detectamos esos síntomas, ya vamos a medicarlo y con ello alteramos el devenir de su propia capacidad de auto-regulación. Si tenemos fiebre, la bajamos. Si tenemos dolor, lo calmamos con analgésicos y seguimos machacando el músculo…en vez de hacer caso a la señal de que cuando hay dolor, la conducta debe cambiar. La mayoría de las agresiones medioambientales que recibe el organismo humano son de carácter informativo. La in-formación, forma nuestros cuerpos. Por ello es tan importante ser conscientes de que cuando nos informamos, estamos formándonos, estamos configurando nuestro organismo con esa información. ¿Cómo no vas a prestar ATENCION entonces a la información que recibes del exterior y tener la opción de decidir si aporta algo positivo a tu organismo o lo agrede? Creo que es tiempo de cambiar el concepto de lo que llamamos enfermedad. Para ello, recomiendo la lectura de libros de biodescodificación, como el de Christian Fléche “El cuerpo como herramienta de curación” (Ediciones Obelisco) que nos ayuda a entender cómo a través de la información, en nuestro organismo se producen “shocks” que luego los distintos órganos intentan procesar a modo de restablecer el equilibrio. La verdadera fuente de información de buena calidad, aquella que nos lleva a fabricar buenas proteínas, aquella que nos hace segregar las hormonas y neurotransmisores en su justa medida, es la información proveniente de la biosfera. Sí, de todo lo que está vivo en nuestro planeta. Por lo tanto es importante estar en contacto con las plantas, con los animales y con la Tierra misma (el océano, los ríos, los vientos, etc.) ¿Por qué la naturaleza es la mejor fuente de información? Porque la biomasa tiene la capacidad de auto-regularse, y lo hace a través del envío de señales entre los seres vivos. Señales que transmiten el “estado” de cada uno de ellos. El “estado” (que el humano transmite a través de comunicarse sus emociones y sus olores corporales), es el que desencadena el correcto dominó de reacciones en nuestro cuerpo para que éste se adapte lo mejor posible al medio. Los animales nos dicen cómo están, las plantas también, y la Tierra nos in-forma de sus estados atmosféricos y de su juego con el sol a través de los vientos y de sus campos electromagnéticos. Las señales son de todo tipo: desde feromonas flotando en el aire hasta señales visuales (como la cara de felicidad de otra persona o la “piel de gallina”.) La mayoría de estímulos de estos sistemas de comunicación que recibimos se procesan en nuestro cuerpo de manera inconsciente, porque el cerebro para ahorrar energía, automatiza todo aquello que repetimos una y otra vez a lo largo de un cierto período de tiempo. Lo pasa al inconsciente para que no tengamos que ocuparnos de pensar en ello. El inconsciente ejecuta entonces los procesos cerebrales, lisa y llanamente “creándonos”, según estén nuestras condiciones medioambientales. Ahora, observa tu entorno cotidiano. ¿Es positiva la información que recibes del medioambiente en el que vives o te está agrediendo? Cualquier ser vivo cuando detecta una agresión medioambiental, no solo reacciona cambiando su cuerpo para afrontarla y protegerse, sino que suele tener una reacción de retirada, se aleja del entorno agresivo, no se queda. Pero muchas personas se han comprometido con entornos agresivos en los que viven “porque no les queda otra” (lo que suele ser una ilusión) y entonces el cuerpo llega un momento que ya no puede con tantos shocks. Mientras reacciona, tiene un estado general que se llama estrés. El estrés es una respuesta biológica natural y segura para el organismo, y dura exactamente lo que el cuerpo tarda en resolver la agresión. Pero si a la fase de estrés no le sigue una resolución del shock, comienza lo que se llama el “distrés”, que ya es una fase en la que el cuerpo ha pasado de los límites, y la agresión ha vencido sus defensas. En estado de distrés, los órganos se vuelven disfuncionales y agotan los recursos a su disposición, comenzando a sacrificarse con la intención de salvar al resto del sistema. El estrés es la alarma a la que tenemos que atender, porque si no logramos apartarnos del estímulo que nos estresa o adoptarlo de forma que nos deje de agredir (algunas personas muy inteligentes y sabias, logran transformar estímulos negativos en herramientas positivas y además el ser humano tiene la capacidad de poder modificar a su antojo el medioambiente en el que vive…), el distrés nos lleva a la destrucción. En nuestras sociedades de consumo estamos gestionando muy mal el estrés. En vez de atender a las alarmas del cuerpo, las adormecemos con analgésicos, con calmantes, con todo tipo de drogas con tal de no vivir la experiencia. El resultado es que el estado de estrés parece desaparecer (desaparecen los síntomas, la alarma) pero la agresión continúa. Es el caso de ir a trabajar todos los días a un trabajo que no nos gusta, el resultado de aguantar a jefes o a personas que tampoco nos gustan, el de quedarse en un matrimonio sin amor por “el qué dirán” o aguantar amigos indeseables por miedo a la soledad. Es también el caso de alimentarnos con más y más proteínas malas y “edulcorar” la vida de modo que no podamos advertir su verdadero sabor (porque a veces no nos gusta) y el caso de “matar el síntoma” con distintas medicaciones que no resuelven más que el síntoma…pero la agresión sigue. Es el caso de mirar la TV todos los días, de in-formarnos con los noticieros sangrientos y las lecturas conspiranoicas que nos hacen preocupar de lo que hacen unos tipos supuestamente poderosos, de caminar una y otra vez por calles de ciudades colapsadas, llenas de contaminación, de ruido, de locura. Es el caso de “engancharnos” a todo anzuelo de morbo que nos tiren para pescar nuestra ATENCION y convertirnos en consumidores pasivos, que viven en la adormidera espiritual de los gurúes y santos, que aceptan la esclavitud sin sentirla. Y el ser humano, como todo organismo, tiene como función básica el “SENTIR”. Como bien dijo el neurólogo Antonio Damasio: “Siento, luego existo”. Porque el “SENTIR” es la función básica de todo ser vivo, aquella que existe primero que comer o reproducirse… Y en este sistema en el que vivimos, nos adormecen el “sentir”. Adormecemos las alarmas que nos da el cuerpo y seguimos adelante, trabajando en lo que no nos gusta, comprando cosas que no necesitamos, consumiendo de todo porque pensamos que estamos enfermos… NO. Tu cuerpo está sano. Solo reacciona a lo que le das de comer, y eso incluye lo que lees, lo que escuchas y lo que miras. Si quieres asegurarte una buena salud, conéctate con la información que brinda la biosfera. Rodéate de seres vivos. Llena tu casa y tu oficina de plantas, abre las ventanas para SENTIR el viento y el canto de los pájaros. No importa si fumas o no fumas, si bebes o no bebes, si eres adicto a cualquier cosa…las adicciones son normales en cualquier sociedad de consumo. Las sociedades de consumo crean y estimulan las adicciones. Tu cuerpo está sano. Créetelo y díselo todos los días. Y sal a buscar el contacto con la biosfera. La in-formación de lo natural. Acaricia a los animales, escucha sus voces, observa sus movimientos. Déjate caer una siesta bajo un árbol, corre por la playa o por el parque. Si ves un beso, quédate mirándolo, lo mismo un abrazo que se den dos personas en la calle. Quédate mirando, absorbe esa información de todo acto de amor que ande por ahí. Esa es la información que necesita tu cuerpo para seguir andando. Y no me vayas a decir que no hay suficiente belleza en esta Tierra que habitamos, para coger energía de ella…la hay por todos lados. Y cuando otros quieren manipular tu ATENCION, llamarla, convocarla para sus propios intereses, actúa manejando tu aparato perceptual, orientando tus sentidos hacia lo que verdaderamente puede darte energía, hacia las fuentes. Como los perros orientan las orejas de un lado para el otro, tú puedes manejar tu aparato sensorial, tu percepción, tus sentidos, en la dirección a las fuentes de energía. ¡Toma el sartén por el mango! Te cargas entonces, y tienes de sobra. Son enseñanzas de mi abuelo, que tuvo una vida espectacularmente durísima, trabajando como lustrador de zapatos en la calle, donde cantaba “Trapo y cepillo por un cigarrillo…” y murió a los 90 años, después de haber sido pobre, bombero, vendedor de lotería y ladrón de sandías. Sus últimas palabras antes de morir en una muerte dulce (en el féretro tenía una sonrisa en la cara) fueron “Qué linda es la vida, m’hijita, vos siempre mirá para allá (y me señaló una planta con una flor) que eso es lo que te da fuerza pa vivir, y no prestes atención a todo lo malo y lo feo, que eso no sirve pa nada”. Gracias, Don Pepe.

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